Herminia Brumana: una docente autocrítica, por Carlos H Lapenta.

Cuando el rol de la mujer no había ganado la notoriedad y el protgaonismo de estos tiempos, Herminia Brumana supo enarbolar esa banadera convirtiéndose en una férrea defensora del feminismo, pero no fue esa su unica virtud que la destacó en su rica vida.

De su fuerte y elevada personalidad, debe decirse que más allá de su formación como maestra, se cultivó también como escritora, periodista y dramaturga y en el plano político se identificó plenamente con ideas socialistas y anarquistas, destacándose además, en cuestiones feministas. Escribió 9 libros y 11 obras teatrales de las cuales 3 fueron representadas. Como periodista colaboró en las revistas Mundo Argentino y El Hogar y en el diario La Nación.

Se caractrerizó plenamente por su pasión por la docencia y la defensa de sus ideales. Luchó por ellos y antepuso a su propios intereses una autocrítica severa, para nada conformista y tendiente a una superación permanente de la enseñanza. Defendía la educación de los niños con elevada critica hacia a sus colegas declarando en alguna oportunidad que “las maestras viven al margen de toda preocupación social, impermeables a toda inquietud […] Les ha bastado pasar por la escuela normal y salir con su diploma bajo el brazo, para sentirse dueñas y señoras de su misión. La maestra argentina vive aún en la creencia que a ella sólo le incumbe enseñar a leer, a escribir y a hacer cuentas…”. 

En la defensa a las mujeres era fuerte pero nada complaciente hacia actiudes sumisas enfatizando que debían “hacerse  dueñas de sí mismas para convertirse en palancas de transformación social”. Nunca pretendió que las mujeres fueran favorecidas, por el contrario dijo  que “si las mujeres queremos considerarnos de este pueblo, hemos de alentar el mismo deseo que los hombres y trabajar para alcanzarlos”. Definiciones tan reales y descarnadas que en estos tiempos podrían llegar a considerarse injuriosas.

Así como Herminia Catalina Brumana se la identifica como “maestra y escritora”, sus valores estético-literarios traspasaron limites de coraje, al denunciar las injusticias sociales en general y de la institución escolar en particular y, sobre todo, la cuestión de la mujer. Politicamente formada en el anarco-socialismo, su voz vigorosa y decidida se dirigió especialmente a los sectores medios argentinos.

Su primer libro fue “Palabritas”,  para alumnos de entre 11 y 15 años, donde a través de sus textos influía a la reflexión demostrando las desigualdades económicas, sociales y políticas de la época, tratando de despertar el pensamiento crítico de los niños.

El Centro Universitaro Chivilcoy rinde homenaje con su nombre a esta mujer nacida en Pigué en 1898, y que tanto hizo por resaltar los valores de la educación, de la mujer y de toda la sociedad.